domingo, 22 de diciembre de 2013

Lo más profundo (Pensamiento)

A pesar de tantas cosas, a pesar de  tantos pensamientos, sigue en mi vigente la búsqueda de la felicidad que solo en una sonrisa la podré encontrar.
Dicen que el silencio calma hasta al más rudo, dicen que una lágrima expresa  más que un millón de palabras, que los sentimientos  son lo más bello del ser humano, la triste realidad  es que la mayoría de las cosas que vivimos, sentimos, escuchamos y decimos hoy en día son estereotipos, algo que por lo general es falso, es inventado, que de generación en generación las personas van dándole color y haciendo  que parezca más real.
Triste es la realidad que vivimos, los seres racionales, LOS SERES HUMANOS.

Autora : Yohanna Dutra Xavier.

lunes, 18 de noviembre de 2013

La tocada fatal (cuento)

 Era el cumpleaños de Milagros, nos invitó a una pijamada en su casa; Renato, Virginia, Felipe, y yo fuimos los invitados.
Llevamos muchas cosas dulces, como alfajores, bombones, milojas y tortas. La cumpleañera se encargaría de lo salado y las gaseosas, pusimos música, charlamos un rato y jugamos a muchos juegos de mesa que  nos aburrieron enseguida; Felipe sacó su guitarra y comenzó a contarnos una leyenda muy terrorífica:
“Estaba ella sola, en un cuarto de hospital, nadie se importaba ni por darle de comer, nadie la visitaba, muy triste y depresiva estaba, llorando y tocando su más grande pasión, el piano armonioso que entona mi canción, un día sola estaba sentada frente a su amor, una puñalada en la médula, ella recibió, paralizada quedó, una risa agonizante en el fondo se sintió, lo único que se sabe que pronto ella volvió, a cumplir su venganza, que su alma prometió”
Cuando acabó la canción, todos comenzamos a reír, excepto Milagros, la cual quedó un poco impactada y se fue a dormir, no quisimos divertirnos sin ella, así que nos acostamos. Ya eran más o menos las 03:30 de la madrugada, algo me despertó, una bella tocada en el piano, pensé que era mi talentosa amiga cumpleañera, pero cuando me levanté y fui a ver no había nadie, la tapa del instrumento estaba abierta, y el banquito que lo habíamos retirado de allí antes  de irnos a acostar volvió a su lugar. Virginia y Renato se despiertan y vienen a ver qué sucedía, les dije que yo no había dejado las cosas así y que el piano comenzó a tocarse solito, se rieron de mí y llamaron a Milagros  y a Felipe, los cuales habían desaparecido.
Los buscamos por toda la casa, hasta que Renato larga un fuerte grito:
- ¡Vengan, rápido!
En el patio estaba el cadáver de Felipe colgado del árbol con su guitarra puesta, en ella decía escrito con sangre la palabra:
“death”, que en el español significa “muerte”, muy asustados corrimos adentro y nos encerramos en un cuarto. Pero aún nos faltaba encontrar a Milagros, quien había desaparecido hace un buen rato; nuestro temor era que lo que nos había contado Felipe fuera cierto. Renato después de un buen rato pensado dijo:
- ¿Y si después de cada tocada de piano que hace ese supuesto “fantasma” ocurre una muerte?
- ¡No jodas con eso! Exclama Virginia, quien estaba muy nerviosa.
Yo no perdí tiempo, salí de la habitación tomé un martillo y dije:
- Ven por mí, si tienes el valor suficiente.
El piano se cierra de repente, mi corazón se aceleró, sentí que una mano helada tocaba mi hombro, no quise voltear, pero mi curiosidad me hizo mirar atrás, era Milagros con la cabeza gacha, se sentó y comenzó a tocar una canción muy extraña, hasta parecía la de la leyenda de Felipe; Virginia me tira del brazo y me encierra con  ella y su novio en el cuarto, me dice, no salgas, está poseída.
No sabíamos que hacer, allí quedamos toda la noche, cuando amaneció ni el cuerpo del afinado, ni la endemoniada aparecían, nada fue normal esa noche, la madre de la cumpleañera no estaba en casa, nos fuimos rápidamente de allí y nunca más volvimos a ver a los desaparecidos.

Autora: Yohanna Dutra Xavier.

El taxista (cuento)

Un sábado por la noche estaba con mi amiga Fernanda preparándome para ir a un baile, comimos pizza y bebimos poca cantidad de cerveza. A la 01:00, llamamos a un taxi y esperamos afuera, lo impresionante es que apenas salimos y el taxi ya estaba; nos subimos, el hombre que conducía ni nos miró, solo nos preguntó con una voz muy grave:
- ¿Dónde?
Respondí muy rápidamente mirando a mi amiga:
- Calle sarandí, frente a Viva Club.
De pronto el auto dobla violentamente, las luces de la autopista se apagan, las puertas se trancan y el aire se volvió helado; nos preguntábamos que pasaba, el automóvil se detuvo, golpes muy fuertes se sentían, los vidrios se empañan y habían manos marcadas. Desesperadas le decíamos al hombre que nos dejara salir, no tardamos en darnos cuenta que el conductor era tan solo un podrido esqueleto.
No podíamos salir, las puertas no se abrían, mis medias se rompieron y el vestido de Fernanda se manchó de sangre, que para nuestra sorpresa el banco estaba bañado en ella, nos aterramos, levantamos el asiento y habían dos cadáveres de mujeres bien vestidas y con el cabello muy largo, dimos un salto hacia la parte delantera del coche, donde estaba el esqueleto, ni nos importó ya que tan solo era un muerto. Las puertas se abrieron, bajamos, estábamos frente a un cementerio, ni sabíamos cual era nuestra ubicación.
Corrimos y corrimos hasta que encontramos una casa, nos atendió una amable señora, le contamos lo sucedido y tan solo nos dijo:
- No existe ningún cementerio por aquí cerca.
Entramos en un estado de pánico, muy confundidas, le pedí el teléfono, llamé a Sebastián, un amigo, el cual nos vino a buscar, nos fuimos directo al baile.
Le contamos nuestra aterradora experiencia, nos contó que hay una leyenda que dice:
“1 de cada 10 personas que llaman a un taxi en la madrugada recibe la visita del taxista “Chester”, el cual murió por ahorcamiento en un asalto, llevaba a un ladrón y asesino en su auto y no sabía, dicen que todavía conduce por las noches buscando venganza”.
- ¡Todo concuerda! Exclamamos Fernanda y yo al mismo tiempo.
Muy asustados seguimos nuestro camino por otra ruta para evitar encuentros inesperados.

Autora: Yohanna Dutra Xavier.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Esa noche (cuento)

Era una tarde de primavera, justo era Halloween, un día inolvidable para mí.
Ya hace 2 semanas veníamos planeando con mis amigos pasar una noche en un cementerio rural abandonado y muy antiguo, era como un reto para nosotros; saldríamos de mi casa todos juntos a las 22:00 hs. que ya estaría oscuro, pero mi madre no estuvo de acuerdo con lo dicho y no nos quiso llevar tan tarde, así que fuimos al atardecer, a las 19:00 hs, cuando la claridad aún se apoderaba del cielo. Uno de mis amigos, Martín, llevó las carpas, el resto la comida  y las linternas, sin ellas no veríamos nada ya que no había iluminación en ese cementerio.
Fernanda era la más cobarde en mi grupo, así que no nos quiso acompañar a recorrer el lugar, ella quedaría armando las carpas con Virginia, otra cobarde. Los que fueron conmigo eran: Camila, Romina, Martín y Renato (quien fue obligado por Martín porque no quería dejar a su novia Virginia).
Había un camino largo y bien marcado, íbamos todos bien juntos, aterrados por la obscuridad y silencio del cementerio. Romina se separa del grupo, desaparece; la buscamos y buscamos, pero no habían rastros de ella, Martín muy preocupado se desespera:
- No podemos dejarla, está sola, sigamos buscando.
Llegamos a un puente frente a un lago muy extraño, no sabíamos de su existencia. Vimos que había una silla de ruedas en la orilla, Camila se acercó a observar, de pronto algo la jaló del pie derecho al agua, cayó, muy sorprendidos corrimos a sacarla de allí, pero ya no estaba. Cuando volteamos la silla de ruedas se estaba moviendo hacia el cementerio, la seguimos hasta que desapareció rápidamente en la niebla. Renato quería volver al campamento con su novia, pero Martín lo convenció de quedarse diciéndole que ella necesitaba un poco de espacio, él quedó muy triste y se apartó de nosotros, luego de un rato sentimos un grito muy fuerte y lo seguimos, estaba él tirado en el suelo, muy pálido, su piel se asemejaba a la de una gallina desplumada, pero ni hablar de su cabello que parecía que había recibido un choque eléctrico, le preguntamos lo qué le había sucedido y tartamudeando nos contestó esto:
“Estaba caminando por allí, y sentí un crujido, curioso lo seguí, vi la silla de ruedas entre aquellos árboles, me acerco a ella y había una anciana cadavérica, con el rostro cortado, sus ojos ciegos color blanco, no tenía dientes, estaba tejiendo algo, no pude ver bien que era, me tomó del brazo y sus afiladas uñas me rasguñaron, corrí y entré en un estado de shock”.
Estábamos muy sensibles, le creímos y nos marchamos de aquel sitio; cuando llegamos al campamento nos pusimos cómodos y cenamos, las chicas ya se habían acostado a dormir, Martín muy preocupado por Romina, sale a buscarla, tan solo llevó con él una linterna y mucho repelente.
Cuando me acosté me di cuenta que en un lado de la carpa estaba un sobre de dormir todo arrugado, hasta parecería que hubiera alguien allí. Un apestoso olor me despertó a las 00:30 hs., destapo el sobre, el cadáver de Romina reposaba junto a mí, lo único que me hizo darme cuenta que era ella fue su cabello largo color negro, porque sus miembros estaban completamente destrozados, sus globos oculares perforados, su cara deformada y muy ensangrentada, hasta comida por los insectos. Mi reacción fue rápida, abrí el cierre de la carpa y corrí a llamar al resto de mis amigas, quienes no estaban, enserio me aterré, lloré, grité, me desesperé, hasta que veo una luz viniendo de unos árboles, era Martín, llegó diciéndome que no había encontrado a Romina, le conté lo sucedido, primero pensó que estaba bromeando y le mostré dentro de la carpa, para mi sorpresa no había nada, él dijo:
- Yohanna, cálmate, ¿ves? No hay nada.
Quedé sin palabras, no sabía qué hacer ni decir, él me tomó del brazo y me dijo:
- ¡Vamos a despertar a los demás, tenemos que encontrar a la desaparecida!
Ya cansada dije:
- ¡No están amigo, desaparecieron! Es lo que te trataba de decir hace un rato.
- ¿Cómo que no están? ¿No duermen?
- No. Ve y fíjate en sus carpas.
Fue y me gritó:
- Tienes razón, ¿por dónde andarán?
Buscamos por todo el cementerio, pero no encontramos absolutamente a nadie, de pronto pasa un bulto blanco corriendo frente nuestro, era impresionante la velocidad que iba, algo sobrenatural, yo asustada abracé fuertemente a Martín y comencé a llorar, rápidamente nos fuimos al campamento, estábamos muy aterrados.
Me senté sobre un tronco y recé, mi amigo no se despegaba de un árbol al que se abrazó, de repente cae un cadáver sobre él, desmayándolo y aplastándolo, era el cuerpo de Virginia, estaba desnuda, sus senos amputados, sus costillas saltadas para afuera perforaban la poca piel sana que sobraba. No perdí el tiempo, corrí y corrí, hasta que me encontré a Renato, estaba desesperado buscándonos, yo no sabía cómo decirle lo de su novia, así que me quedé callada como si nada hubiera pasado, obviamente el preguntó por ella y mi respuesta fue: - “No, no la he visto”.
A pocos pasos de allí, estaba el puente extraño frente al lago, nos sentamos a charlar, le conté que había encontrado el cadáver de Romina, me creyó por su loca experiencia, me dice:
- ¡Mira allí!, hay algo muy raro flotando…
Me acerqué, ¡eran las tetas de Virginia! Muy sorprendido me dice:
- ¿Qué es eso? ¿Senos?
Le tuve que confesar, que aquellos senos eran de su novia, que reposaba encima de Martín en aquel momento. No pudo contenerse, lloró y lloró, quería irse al campamento a comprobar que lo que yo le decía no pasaba de una broma muy pesada y maligna. No quise ir, ya tenía suficiente de ver cuerpos muertos, me gustaba pero no de esa forma, él no aguantó, se tiró al lago, no pude hacer nada, no sé nadar.
Por un rato quedé mirando como Renato agonizaba hundiéndose, de repente Camila aparece a orillas del lago, al lado de donde estaba yo, con la ropa rasgada, torció su cuello 180º hacia mí y me sonrió malignamente, gateando a toda velocidad se dirige al cementerio, la seguí hasta el campamento, pero cuando llegué noté que no había nadie.
Observé detenidamente el lugar hasta que Camila salta sobre mi e intenta morderme violentamente el cuello, logré escapar, no sabía porque ella estaba de esa forma, me escondí atrás de una tumba muy grande en forma de cruz; pasé un buen rato esperando que alguien llegara por mí, así que me puse a leer la roca de la tumba, la cual decía:
“Te quisimos muchos, te consiguió 1
Yohanna Dutra Xavier 21/05/1998 - 01/11/2013”.
En ese momento no sabía qué hacer, lo único que restaba era matarme, pero algo me dijo que no podía rendirme, que tenía que salir adelante. Siento un llanto femenino viniendo de unos arbustos, ya harta de tantos  locos acontecimientos, decidí alzar la voz y decir:
- ¡Ya no les tengo miedo, si van a hacerme algo háganmelo ya!
El llanto detrás de los arbustos paró, y una pequeña y peculiar vocecita ronca me dijo:
- Yohanna, soy yo, Fernanda, ayúdame…
Fui a verla, encontré un rastro de partes de un cuerpo, primero una pierna, luego un brazo, hasta que encontré el resto del cuerpo crucificado con una cruz al revés y la cabeza de Fernanda clavada en una estaca.
Alguien me abraza de la cintura, me asusté mucho, era Martín, me dijo que teníamos que salir de allí, y cuando vio lo que yo estaba observando me tomó del brazo y corrimos hasta llegar al portón del cementerio, que por fin lo encontramos.
Caminamos por la ruta hasta que un camionero paró y nos pregunto que nos sucedía, tan solo le dijimos que nos perdimos y le pedimos que nos llevara a casa. Claro que luego de eso nada más fue normal, mis padres me corrieron de mi casa, a Martín también; nadie nos creyó, las familias de los muertos creían que tan solo habían desaparecido, al final todos nos odian. Hoy en día yo conseguí un trabajo en un cementerio y maté a Martín porque una noche intentó apuñalarme por algo que yo si hice, matar a todos por esquizofrénica. Sí exactamente eso, fui yo que me imaginé todo y soy la verdadera asesina.

Autora: Yohanna Dutra Xavier



viernes, 13 de septiembre de 2013

Esa sonrisa (cuento)

Era una hermosa tarde de verano, estaba leyendo un libro llamado “lo desconocido”, muy inspirador, la verdad.
Mi padre me propuso que invitara a unos amigos para ir a pasar unos días en algún lugar tranquilo y exótico, busqué en internet y encontré un pequeño rancho abandonado en muy buenas condiciones; invité a 4 amigos: Virginia, Renato, Camila y Diego. Saldríamos de mi casa a las 15:30 hs de la tarde un lunes.
Mi madre nos llevó, ese lugar quedaba a 7 horas de mi casa, cuando llegamos nos despedimos y entramos al bosque. Tardamos un poco en encontrar el rancho, por mientras Camila iba sacando fotos, escuchábamos música, al fin lo encontramos, estaba en excelentes condiciones, muy limpio y ordenado, habían muchos objetos personales… peines, espejos, plumas, cuadros artísticos e incluso una radio antigua, no entendíamos porque estaba abandonado. Ya estaba atardeciendo, como de costumbre me coloqué los auriculares y me fui a rondar por ahí, un barullo de agua me llevó a descubrir una bella cascada con unas rocas muy grandes a los bordes, me senté en una de ellas y me puse a escuchar “Lonely day”, me sentía muy solitaria y esa música me describía, de repente una presencia muy extraña hizo que me sacara los auriculares, se me erizó la piel, había un chico sentado en una roca a mí lado, mirando el agua, lo miré fijamente, hasta que giró su cabeza hacia mí y me sonrió, fue tan penetrante su sonrisa que me sacó una también. Le dije: - Hola, ¿quién eres?
Me respondió con una dulce y armoniosa voz:
- Me llamo Sebastián, un gusto, ¿y vos?
- Yohanna, mucho gusto.
Comenzamos a hablar, intercambiamos ideas, gustos, pero nunca me animé a preguntarle de donde era, no sé porque, quedamos de vernos  en la mañana en el mismo lugar nuevamente.
Me fui muy feliz al rancho, estaban todos comiendo pescado que había asado Renato a la parrilla, me preguntaron dónde estaba, les dije que había ido a caminar. Habían 2 cuartos pequeños, en uno durmieron Camila y Diego, y en el otro Virginia y Renato, yo armé una pequeña carpa, antes de dormir me acosté en el pasto a observar las estrellas, en mi cabeza pasaron infinidad de pensamientos, estaba algo emocionada por haber conocido aquel misterioso y solitario chico, similar a mí, estaba ansiosa por volverlo a ver. Ya habían pasado 2 horas y no podía cerrar los ojos, decidí  escuchar algo de música, el tema que describía el momento es “Leave out all the rest”, una canción que me dejaba sin palabras, me tranquilizaba…
En la mañana, me levanté a las 8 y fui  a la cascada, como la primera vez que lo vi estaba allí sentado observando el agua, me senté junto a él y sin decir una palabra, el me abrazó, sonrió y así quedamos por un buen rato, sin dirigirnos  la palabra ni mirarnos a la cara. Nos entendíamos, era nuestro idioma, solo nosotros podíamos comprenderlo.

Se repetían nuestros encuentros, y día tras día, me gustaba más estar a su lado.
Ya faltaban 3 días para irme a mi casa, estaba muy deprimida, pero él con sus dulces palabras decía que me podía ir a visitar y que podíamos estar juntos por siempre, 
 pero yo  no quería irme de ese hermoso lugar. Mis amigos ya ni se acordaban de mi existencia, pasaba 1 hora diaria con ellos; ese mismo día los chicos me fueron a buscar y me encontraron en la misma cascada, me dijeron que tenían algo para mostrarme, nos dirigimos al rancho y a una de las habitaciones, habían muchas fotografías de un chico  con una chica, yo reconocía ese rostro, yo sabía que era Sebastián, en ese momento me hice varias preguntas a mí misma, corrí a la cascada a pedirle explicaciones, él, sin problemas me contó que su madre lo había abandonado junto con la hermana y que pasó toda su vida ahí, yo le pregunté dónde se quedaba a dormir y qué había pasado con su hermana, él me dice: - No duermo, ella  ya falleció pero antes me abandonó también, se casó con un hombre rico y codiciado.
Quedé perpleja, no tenía palabras para describir lo que estaba sintiendo en ese momento, me cayó una lágrima en la mejilla izquierda, él me la secó, me sonrió, y como siempre lo hacía, su penetrante sonrisa me hizo calmar y sentirme bien, me dio un beso en los labios y me dijo:
- Tú, lograste hacer que me enamorara, fue lo que siempre quise y nunca lo había logrado, ahora mi alma puede estar en paz…
Con una voz baja y melancólica dije:
- Sé lo que eres, no es necesario que me lo digas, siempre te amaré, en mi corazón siempre estarás, nunca voy a encontrar a alguien como tú, que me haga viajar en mis pensamientos y sentir esa conexión divina que hace sentirme especial.
- No te preocupes, siempre estaré contigo, en las buenas y en las malas, tú hiciste que pasara lo que siempre esperé, te amo.

SACA TUS PROPIAS CONCLUSIONES.
YO CREO QUE ESTE CUENTO NOS DEJA UN MENSAJE MUY IMPORTANTE, NUNCA DESISTAS, NUNCA DEJES DE AMAR ALGO QUE SABES QUE VALE LA PENA, INCLUSO DESPUÉS DE LA MUERTE, JAMÁS TE RINDAS.



Autora: Yohanna Dutra Xavier.

domingo, 8 de septiembre de 2013

El pacto (cuento)


Era un mañana de verano como cualquier otra, estaba esperando a mi prima Romina que llegara de viaje, ella pasaría las vacaciones en mi casa. Cuando llegó me alegré demasiado, la abracé, no la solté hasta que comencé a sudar. Yo ya tenía todo planeado, de noche iríamos a ver películas, jugar algunos juegos de mesa y salir a dar una vuelta por el centro de la ciudad; ella quería ir a visitar a su abuela y que yo la acompañara, yo accedí. De tarde estábamos muy aburridas, y tuve la idea de ir a nadar a la piscina, nos pusimos nuestros bikinis y nos dimos unos chapuzones, pasamos gran parte de la tarde allí, luego fuimos a comer algo y bañarnos para realizar nuestras actividades. Romina entra primero a la ducha, yo me estaba cepillando los dientes, puse músicas para no aburrirme por mientras… la batería de mi celular se agotó y siento el llanto de ella, le pregunto qué le pasa, no me quiere responder, estaba muy preocupada con ella y decidí abrir la puerta de la ducha, ni yo podía creer lo que estaba viendo, tenía todos los brazos cortados con una Gillete  me asusté, no sabía qué hacer, ella estaba totalmente blanca y paralizada, la envolví en una toalla y la llevé a mi cuarto. No le quise preguntar nada hasta que se calmara, le acaricié el cabello diciéndole:
- Todo va a estar bien, solo debes respirar. Ella con un suave suspiro me dice: - Te lo diré. Con una voz suave y calmada me dice que había hecho un pacto con el diablo, que le hacía la vida imposible, que le había mentido, y que todas las promesas que le hizo no las cumplía, solo le traía sufrimiento, no sabía cómo salir de esa; las razones por las que lo hizo fueron que nadie la apreciaba y sus padres no le prestaban atención, todo fue sin pensar. Yo estaba perpleja, no sabía que decirle, lo primero que se me ocurrió fue decirle que mañana haríamos una visita al pastor para que la curara, estábamos muy inseguras, pero ella coincidió conmigo. Ese día yo traté de hacerla olvidar de lo que estaba ocurriendo a través de las actividades que teníamos planeadas, jugamos un rato a un juego de mesa, de repente llega mi hermano y nos dice: - ¿Por qué juegan juegos infantiles? Nenas, tengo algo mejor, se llama Ouija, ¿se animan? Claro, nosotras pasábamos investigando y leyendo cosas sobre fantasmas y seres de otros mundos, ya sabíamos lo que era, y siempre quisimos jugar, accedimos y no tuvimos idea de las consecuencias que podía causar. Para empezar teníamos que preparar el tablero encima de una mesa, dos velas y todas las luces apagadas, raramente venía con manual, el compró el juego en una tienda de segunda mano, lo leímos y seguimos las reglas al pie de la letra. La primera y última persona que pregunto fue Romina: - ¿Hay alguien aquí? No había respuesta, el tablero comenzó a calentarse y se prendió fuego, las luces parpadeaban  y la caldera hacía ruido, se sentían arañones en la puerta, no aguantamos estar ahí, mi hermano se encerró en el baño, nosotras en mi cuarto, llorábamos abrazadas, no sabíamos que podía suceder, lo primero que se me ocurrió fue buscar en Internet alguna forma de que todo acabara. De pronto todas las luces se apagan, nos sentamos arriba de la cama, no nos animábamos a bajar los pies de ella, el aire estaba muy helado, sentíamos que la puerta del closet se abría lentamente, un chillido espeluznante, unos pasos inhumanos acercándose a nosotras, nuestros pelos estaban de puntas, temblábamos… Sabíamos que no estábamos solas, la cama se hundió, había otra presencia acompañándonos esa noche, ya me había soltado de mi prima, me abracé en mis propias rodillas, pero estaba muy nerviosa, la volví a abrazar, pero no la sentí como antes, helada y  con la piel sobre los huesos, estaba ella… ¿Ella? No tarde en darme cuenta que eso que abrazaba no era mi prima, porque reaccioné muy rápido, saltando fuera de la cama y corriendo hacia el comedor, la puerta se había trancado, me doy la vuelta para ver si aquella cosa me había seguido, mi gran sorpresa fue que todas las luces se prenden de repente y veo a mi prima en frente mío llorando desesperada, me decía: Vayámonos, por favor, hay algo en el cuarto, no bromeo. Yo no tenía agallas para ir a ver si había algo allá, le dije: - Calma, vamos a dormir aquí, juntas, no te separes de mí, cualquier cosa me despiertas. Ya eran las 3 de la mañana, no podíamos dormir, me levanté a ir al baño, estaba la puerta abierta y todo oscuro… la luz se había quemado, choco con algo muy grande, saco mi celular de mi bolsillo y alumbro, estaba el cuerpo de mi hermano en un charco de sangre, no tenía la mitad del cráneo, su cerebro estaba hecho pedazos, me dan nauseas y vomito;  voy corriendo hacia el comedor, Romina estaba mirando la tele tratando de calmarse un poco, le conté lo sucedido, entró en un estado de shock, me tomó de la mano y salimos corriendo al frente, no había absolutamente un alma afuera, ni las luces de la calle estaban encendidas.Fuimos a la iglesia, la cual raramente estaba abierta a esa hora, entramos y estaba  un cura sentado, nos invitó a escuchar su oración, le dijimos que no teníamos tiempo, que había algo en mi casa y que necesitábamos de su ayuda, por supuesto el fue con nosotras. Al llegar, el pidió que esperáramos afuera, luego de una hora esperando, nos cansamos y decidimos entrar… Todo parecía estar en orden hasta que entramos a mi cuarto, nos llevamos la sorpresa más grande de la noche; en la pared estaba el cura con clavos en las manos, su cavidad abdominal estaba abierta, sus intestinos colgados, y una gran cruz que por lo visto era de él puesta al revés encima de su cabeza. Ya era suficiente, no se podía tolerar más, me rendí y arrodillé pidiéndole por favor que parara, Romina hizo lo mismo, y dijo que quería acabar con el pacto que había hecho, pero por lo visto ya era muy tarde, tenía que lidiar por el resto de su vida con ello, el diablo había mandado a uno de sus esclavos del inframundo a hacer su vida imposible y no dejarla vivir en paz, yo me acordé de algo que había leído hace mucho tiempo, la única forma de acabar con el pacto es dar el alma a Satanás, lo impuro es el suicidio, ya que tu alma queda vagando y no pertenecerá al reino de Dios, Romina fue a la cocina y trajo al cuarto un cuchillo, me dio un gran beso en la mejilla y un abrazo, y me dijo: - Te amo prima, nunca me olvides, lo que estoy haciendo es por el bien de todos y eso lo sabes. Yo no le respondí, telepática mente le dije que nos veíamos pronto. Ya todo había acabado, con un corte en la garganta, sin poder respirar, murió. Ya no estaba entre nosotros, un alma menos, la extrañe 2 minutos, pronto decidí no dejarla ir, la seguí y seguí hasta que ambas terminamos ardiendo juntas entre el color intenso y caluroso del infierno. Sé que se preguntan, ¿Por qué acabé ahí sí no hice absolutamente nada malo? Todos tenemos un pasado negro, tenemos que aceptarlo, las apariencias engañan, nadie es lo que parece, siempre hay algo que nos hace diferentes y todos tenemos la capacidad de decidir qué hacer con nuestra vida.

Autoras: Yohanna Dutra Xavier, con aportes de Romina Paola Pintos.

miércoles, 17 de julio de 2013

Todo cambió (cuento)

Me acuerdo de ese día que toda mi vida cambió por completo…
Una noche de verano, estaba con mi amiga Milagros, escribiendo un texto en el ordenador, se me ocurrió llamar a más amigas a hacer una pijamada, ese día era muy extraño ya de comienzo porque mi padre me dejaba hacer absolutamente todo lo que quería.
Ya eran las 9 de la noche, ninguna de mis amigas llegó, así que no perdimos más el tiempo y nos pusimos a ver películas de terror, también comimos muchas palomitas de maíz. Estaba todo oscuro, apenas se podía visualizar las luces rojas de la heladera, era un día muy sombrío ya que nubes negras cubrían la visión al cielo, mi amiga y yo planeábamos observar las estrellas fugases con el telescopio de mi hermano mayor Leonardo, pero por ese hecho no pudimos.
Ya eran 00:30 de la noche, acostadas comiendo pizza nos pusimos a hablar y comentar la vida de todo el mundo, estábamos sin nada que hacer, cuando yo siento que alguien llama a la puerta, tres veces, no me dieron las agallas para abrirla, mi amiga asustada me dijo:
- No vayas a atender, a esta hora puede ser cualquier marginal.
Yo contesté: no lo haré, tranquila.
Más tarde, me puse a escuchar los nuevos booms musicales 2013, tenía los auriculares puestos cuando escucho aquel sonido escalofriante, era una mezcla de voces muy similar a las que produce una muñeca cuando se le está acabando la batería, me asuste y lancé los auriculares por la cabeza de Milagros que estaba dormida, raramente, no se despertó.
Me acosté y tapé, hacía mucho frío adentro de casa, algo no muy común en verano… El aire cada vez se ponía helado, se me erizaba toda la piel.
Fui al baño a cepillarme los dientes y de pronto, la puerta se cierra y las luces parpadean hasta que se apagan por completo; atrapada en el desespero azotaba fuertemente la puerta para abrirla, no era posible, estaba trancada, siento que un par de brazos rodean mi cintura y me aprietan fuerte, con intención de aplastarme los órganos internos diría yo, no podía respirar, me sentía muy mal, lloré, vomite mucha sangre, hasta que por un milagro la puerta se abre…
Justo frente a mí estaba allí parada Milagros, con la cabeza gacha y me dice:
- Vamos a dormir.
Yo le dije:
- ¿No sentiste mi llanto? Bueno olvídalo, vamos a acostarnos.
Entramos a mi cuarto, me cambié de ropa, me puse cómoda con mi pijama preferido y me dormí.
Pensaba que todo eso había acabado, pero sin querer me paro arriba de mi amiga que no reaccionó a mis pisadas, quede perpleja, miré la hora, eran exactamente las 3 y media de la madrugada; se sentían pasos, y ruidos en el cuarto de mis padres, no quise interrumpir, pero un gruñido muy fuerte escuché, preocupada fui y golpeé la puerta de su cuarto, nadie contestó, la cerradura estaba trancada, me di media vuelta y cuando fui a entrar a mi cuarto, se abre violentamente la puerta, yo tenía mi celular en la mano  al cual usé para alumbrar, todo parecía estar en orden, nada fuera de lo normal… Intenté prender la luz, no pude, vi algo en penumbra, mi madre sentada en la cama decía que sentía que le estaban arañando la espalda y lloraba, para mi padre ya todo habría acabado, un rastro de sangre me llevo a ver adentro del closet al cual abrí… había un pedazo de carne en descomposición colgado, los llantos y gritos de mi madre me hicieron entrar en un estado de pánico que terminó en un hospital psiquiátrico por la mañana.
Ya nada era igual, mi vida cambió de un momento a otro, no sé donde terminó mi madre, de mi amiga ni rastros quedaron, y bueno mi padre… ya se lo habían comido los insectos.

AUTORA: YOHANNA DUTRA XAVIER.

martes, 9 de julio de 2013

Sueño del más allá (cuento)

Era un día como cualquier otro, estábamos en clase de literatura… El profesor nos contaba historias y leyendas de terror, nos mirábamos entre todos con caras de des entendimiento y nos reíamos mucho, de repente cortó la luz, pero eso no fue la gran cosa.
Tocó el timbre del recreo de 5 minutos, fui hacia la ventana a mirar a la gente que pasaba, todo estaba muy tranquilo, era un día de tormenta muy frío, la niebla tapada la vista a los viejos edificios de la ciudad de Rivera, sentí una voz que me susurraba al oído: Yohanna, Yohanna…
Asustada volteé, era Virginia con una sonrisa aterradora en su extraño y pálido rostro, sus ojeras marrones oscuras mostraban cansancio; le pregunté que quería, ella me dijo que el timbre ya había sonado hace 5 minutos, lo raro fue que yo no lo escuche, estaba como encerrada en mi mundo.  El profesor nos había mandado un trabajo en grupo, los integrantes eran:
Virginia, Camila, Diego, Milagros, Alejandro y yo. La propuesta era ir al cementerio más antiguo de la ciuidad y buscar papeles sobre un escritor muy famoso.
Un día sábado vinieron todos a mi casa, mi madre nos llevó hasta allí, en el camino pasaron una serie de acontecimientos algo inusuales…
Camila observaba fijamente la ventana del asiento trasero izquierdo, parecía tranquila, de pronto largó un grito muy fuerte y dijo:
- ¡No, no! (y comenzó a llorar  tapándose los oídos)
Diego preocupado la abraza y le dice:
- ¿Qué pasó?
Camila sin respuesta alguna intenta abrir la puerta para lanzarse a la calle, por suerte la puerta estaba trancada.
Virginia muy aterrorizada dice:
- ¡Paren la camioneta!
Mi madre sorprendida estaciona, bajo un viejo árbol seco y abandonado, por lo visto. Camila se baja, vomita tras él y cae desmayada; no sabíamos  qué hacer, Fernanda y Alejandro la cargaron y colocaron en la carrocería, Diego la tapó con una manta  y fue con ella el resto del camino al cementerio.
Llegamos a nuestro destino, todo pasó en 30 minutos, fue tan rápido…
Entramos, preguntamos por los papeles de algún escritor famoso y nos dijeron que ya no tenían más documentos antiguos. Yo, insistente como de costumbre, seguí adelante hasta que encontré la tumba de un tal de Gonzalo C. Hernández, era un escritor, en la roca había un pequeño homenaje que decía: “Fuiste un gran hombre, y tus obras eran increíbles, que en paz descanses”
Era tan inmenso ese lugar, era normal, pensé que iba a ser más extraño, pero no, todo era común;
mis amigos comenzaron a buscar los papeles que sabíamos que estaban por algún lado, de repente, la puerta se cierra de golpe, se tranca, no podíamos salir. El aire comenzó a volverse más helado, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, podía sentir que algo no andaba bien. Las pupilas de mis amigos brillaban más que nunca, sus pieles semejaban a la de una gallina despellejada…
Intercambiamos miradas, una sonrisa asomó Alejandro, caminando lento hacia un conjunto de rocas que estaban en el suelo, tomó la más grande y sin piedad la lanzó sombre la cabeza de Camila, la pobre chica no imaginaba que algo así iba a suceder, su vida acabó de una forma tan rápida y cruel, que entre sueños su alma se perdió.
Diego con el corazón en la garganta dijo:
-No, así no puedo vivir.
Alejandro sacó un bisturí de su bolsillo y se cortó la garganta, murió.
Fernanda no resistió y desmayada cayó al suelo.

Yo me pregunté,
- ¿Dónde está Virginia?
Me alejé lentamente… me senté en el lugar donde dentro estaban los huesos del fallecido. Mi curiosidad me llevó a descubrir una carta que estaba atrás de mí. Decía:
“Sabemos que no vas a leer la carta, pero algún día alguien se va a enterar de la verdad de tu muerte,  yo siendo la única persona que lo sabe.
El escritor Gonzalo Cristóbal Hernández Figueroa, se suicidó por accidente! El tenía muchos problemas mentales, adoraba golpearse  la cabeza con rocas, comenzaba a hacerlo y nadie lo podía detener. Ni yo, siendo su madre lo pude. Un día Gonzalo estaba escribiendo uno de sus maravillosos cuentos que no está terminado justo por lo que sucedió, se enfadó  porque no le salía una parte, tomó una roca, se golpeó la nuca, nunca más volvió a escribir, su obra no acabada tiene una mancha de sangre, nadie sabe porqué, solamente yo, espero que la verdad algún día pueda ser destapada y aclarada, yo no lo maté.
V. Figueroa.


Me impacté, no sabía qué hacer, no encontraba a Virginia, Diego estaba en shock, Fernanda estaba desmayada,  Camila y Alejandro murieron… Perdida y muy confundida, en un estado de pánico descontrolado, yo, en ese momento ciento una mano helada en mi hombro, era Virginia, que susto.
- ¡Yohanna,  me están arañando la espalda!, me arde mucho, ¡Yohanna, ayúdame!
Yo: 
- Mantén la calma, creo que mi celular no agarra señal, pero igual voy a intentar llamar al 911…
Lo saqué de mi bolsillo, y para mi suerte, tenía señal, llamé, ya estaba viniendo la ayuda.
De pronto siento golpes viniendo de la caja de huesos, con miedo fui y abrí, era el cadáver de Fernanda en muy mal estado, sus costillas sobresalían de su tórax, sus intestinos se veían, mucha sangre incluso insectos devorándosela. Cierro la tapa, corro hacia la puerta trancada y comienzo a gritar:
- ¡Sáquenme de aquí, ayúdenme!
Diego golpeó su cabeza contra una roca, quebrándosela y por desgracia murió también, Virginia vomitó mucha sangre, sus ojos se dieron vuelta y cayó dura en el piso.
Cuando escuché aquel dulce sonido…

RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING!
Me había quedado dormida en literatura, mi sueño fue extraordinario y asustador, por eso quise contárselos a mis compañeros y profesores…

EL PROFESOR DE LITERATURA  SE HABÍA DADO CUENTA QUE ESTABA DORMIDA, RARAMENTE, NO DIJO NADA.

Autora: Yohanna Dutra Xavier.