lunes, 18 de noviembre de 2013

El taxista (cuento)

Un sábado por la noche estaba con mi amiga Fernanda preparándome para ir a un baile, comimos pizza y bebimos poca cantidad de cerveza. A la 01:00, llamamos a un taxi y esperamos afuera, lo impresionante es que apenas salimos y el taxi ya estaba; nos subimos, el hombre que conducía ni nos miró, solo nos preguntó con una voz muy grave:
- ¿Dónde?
Respondí muy rápidamente mirando a mi amiga:
- Calle sarandí, frente a Viva Club.
De pronto el auto dobla violentamente, las luces de la autopista se apagan, las puertas se trancan y el aire se volvió helado; nos preguntábamos que pasaba, el automóvil se detuvo, golpes muy fuertes se sentían, los vidrios se empañan y habían manos marcadas. Desesperadas le decíamos al hombre que nos dejara salir, no tardamos en darnos cuenta que el conductor era tan solo un podrido esqueleto.
No podíamos salir, las puertas no se abrían, mis medias se rompieron y el vestido de Fernanda se manchó de sangre, que para nuestra sorpresa el banco estaba bañado en ella, nos aterramos, levantamos el asiento y habían dos cadáveres de mujeres bien vestidas y con el cabello muy largo, dimos un salto hacia la parte delantera del coche, donde estaba el esqueleto, ni nos importó ya que tan solo era un muerto. Las puertas se abrieron, bajamos, estábamos frente a un cementerio, ni sabíamos cual era nuestra ubicación.
Corrimos y corrimos hasta que encontramos una casa, nos atendió una amable señora, le contamos lo sucedido y tan solo nos dijo:
- No existe ningún cementerio por aquí cerca.
Entramos en un estado de pánico, muy confundidas, le pedí el teléfono, llamé a Sebastián, un amigo, el cual nos vino a buscar, nos fuimos directo al baile.
Le contamos nuestra aterradora experiencia, nos contó que hay una leyenda que dice:
“1 de cada 10 personas que llaman a un taxi en la madrugada recibe la visita del taxista “Chester”, el cual murió por ahorcamiento en un asalto, llevaba a un ladrón y asesino en su auto y no sabía, dicen que todavía conduce por las noches buscando venganza”.
- ¡Todo concuerda! Exclamamos Fernanda y yo al mismo tiempo.
Muy asustados seguimos nuestro camino por otra ruta para evitar encuentros inesperados.

Autora: Yohanna Dutra Xavier.

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