domingo, 8 de septiembre de 2013

El pacto (cuento)


Era un mañana de verano como cualquier otra, estaba esperando a mi prima Romina que llegara de viaje, ella pasaría las vacaciones en mi casa. Cuando llegó me alegré demasiado, la abracé, no la solté hasta que comencé a sudar. Yo ya tenía todo planeado, de noche iríamos a ver películas, jugar algunos juegos de mesa y salir a dar una vuelta por el centro de la ciudad; ella quería ir a visitar a su abuela y que yo la acompañara, yo accedí. De tarde estábamos muy aburridas, y tuve la idea de ir a nadar a la piscina, nos pusimos nuestros bikinis y nos dimos unos chapuzones, pasamos gran parte de la tarde allí, luego fuimos a comer algo y bañarnos para realizar nuestras actividades. Romina entra primero a la ducha, yo me estaba cepillando los dientes, puse músicas para no aburrirme por mientras… la batería de mi celular se agotó y siento el llanto de ella, le pregunto qué le pasa, no me quiere responder, estaba muy preocupada con ella y decidí abrir la puerta de la ducha, ni yo podía creer lo que estaba viendo, tenía todos los brazos cortados con una Gillete  me asusté, no sabía qué hacer, ella estaba totalmente blanca y paralizada, la envolví en una toalla y la llevé a mi cuarto. No le quise preguntar nada hasta que se calmara, le acaricié el cabello diciéndole:
- Todo va a estar bien, solo debes respirar. Ella con un suave suspiro me dice: - Te lo diré. Con una voz suave y calmada me dice que había hecho un pacto con el diablo, que le hacía la vida imposible, que le había mentido, y que todas las promesas que le hizo no las cumplía, solo le traía sufrimiento, no sabía cómo salir de esa; las razones por las que lo hizo fueron que nadie la apreciaba y sus padres no le prestaban atención, todo fue sin pensar. Yo estaba perpleja, no sabía que decirle, lo primero que se me ocurrió fue decirle que mañana haríamos una visita al pastor para que la curara, estábamos muy inseguras, pero ella coincidió conmigo. Ese día yo traté de hacerla olvidar de lo que estaba ocurriendo a través de las actividades que teníamos planeadas, jugamos un rato a un juego de mesa, de repente llega mi hermano y nos dice: - ¿Por qué juegan juegos infantiles? Nenas, tengo algo mejor, se llama Ouija, ¿se animan? Claro, nosotras pasábamos investigando y leyendo cosas sobre fantasmas y seres de otros mundos, ya sabíamos lo que era, y siempre quisimos jugar, accedimos y no tuvimos idea de las consecuencias que podía causar. Para empezar teníamos que preparar el tablero encima de una mesa, dos velas y todas las luces apagadas, raramente venía con manual, el compró el juego en una tienda de segunda mano, lo leímos y seguimos las reglas al pie de la letra. La primera y última persona que pregunto fue Romina: - ¿Hay alguien aquí? No había respuesta, el tablero comenzó a calentarse y se prendió fuego, las luces parpadeaban  y la caldera hacía ruido, se sentían arañones en la puerta, no aguantamos estar ahí, mi hermano se encerró en el baño, nosotras en mi cuarto, llorábamos abrazadas, no sabíamos que podía suceder, lo primero que se me ocurrió fue buscar en Internet alguna forma de que todo acabara. De pronto todas las luces se apagan, nos sentamos arriba de la cama, no nos animábamos a bajar los pies de ella, el aire estaba muy helado, sentíamos que la puerta del closet se abría lentamente, un chillido espeluznante, unos pasos inhumanos acercándose a nosotras, nuestros pelos estaban de puntas, temblábamos… Sabíamos que no estábamos solas, la cama se hundió, había otra presencia acompañándonos esa noche, ya me había soltado de mi prima, me abracé en mis propias rodillas, pero estaba muy nerviosa, la volví a abrazar, pero no la sentí como antes, helada y  con la piel sobre los huesos, estaba ella… ¿Ella? No tarde en darme cuenta que eso que abrazaba no era mi prima, porque reaccioné muy rápido, saltando fuera de la cama y corriendo hacia el comedor, la puerta se había trancado, me doy la vuelta para ver si aquella cosa me había seguido, mi gran sorpresa fue que todas las luces se prenden de repente y veo a mi prima en frente mío llorando desesperada, me decía: Vayámonos, por favor, hay algo en el cuarto, no bromeo. Yo no tenía agallas para ir a ver si había algo allá, le dije: - Calma, vamos a dormir aquí, juntas, no te separes de mí, cualquier cosa me despiertas. Ya eran las 3 de la mañana, no podíamos dormir, me levanté a ir al baño, estaba la puerta abierta y todo oscuro… la luz se había quemado, choco con algo muy grande, saco mi celular de mi bolsillo y alumbro, estaba el cuerpo de mi hermano en un charco de sangre, no tenía la mitad del cráneo, su cerebro estaba hecho pedazos, me dan nauseas y vomito;  voy corriendo hacia el comedor, Romina estaba mirando la tele tratando de calmarse un poco, le conté lo sucedido, entró en un estado de shock, me tomó de la mano y salimos corriendo al frente, no había absolutamente un alma afuera, ni las luces de la calle estaban encendidas.Fuimos a la iglesia, la cual raramente estaba abierta a esa hora, entramos y estaba  un cura sentado, nos invitó a escuchar su oración, le dijimos que no teníamos tiempo, que había algo en mi casa y que necesitábamos de su ayuda, por supuesto el fue con nosotras. Al llegar, el pidió que esperáramos afuera, luego de una hora esperando, nos cansamos y decidimos entrar… Todo parecía estar en orden hasta que entramos a mi cuarto, nos llevamos la sorpresa más grande de la noche; en la pared estaba el cura con clavos en las manos, su cavidad abdominal estaba abierta, sus intestinos colgados, y una gran cruz que por lo visto era de él puesta al revés encima de su cabeza. Ya era suficiente, no se podía tolerar más, me rendí y arrodillé pidiéndole por favor que parara, Romina hizo lo mismo, y dijo que quería acabar con el pacto que había hecho, pero por lo visto ya era muy tarde, tenía que lidiar por el resto de su vida con ello, el diablo había mandado a uno de sus esclavos del inframundo a hacer su vida imposible y no dejarla vivir en paz, yo me acordé de algo que había leído hace mucho tiempo, la única forma de acabar con el pacto es dar el alma a Satanás, lo impuro es el suicidio, ya que tu alma queda vagando y no pertenecerá al reino de Dios, Romina fue a la cocina y trajo al cuarto un cuchillo, me dio un gran beso en la mejilla y un abrazo, y me dijo: - Te amo prima, nunca me olvides, lo que estoy haciendo es por el bien de todos y eso lo sabes. Yo no le respondí, telepática mente le dije que nos veíamos pronto. Ya todo había acabado, con un corte en la garganta, sin poder respirar, murió. Ya no estaba entre nosotros, un alma menos, la extrañe 2 minutos, pronto decidí no dejarla ir, la seguí y seguí hasta que ambas terminamos ardiendo juntas entre el color intenso y caluroso del infierno. Sé que se preguntan, ¿Por qué acabé ahí sí no hice absolutamente nada malo? Todos tenemos un pasado negro, tenemos que aceptarlo, las apariencias engañan, nadie es lo que parece, siempre hay algo que nos hace diferentes y todos tenemos la capacidad de decidir qué hacer con nuestra vida.

Autoras: Yohanna Dutra Xavier, con aportes de Romina Paola Pintos.

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