En un comienzo todo era oscuridad, ni la luz del sol lograba hacer que ese
lugar luciera “con vida”. Un día como
todos, igual, vacío, aburrido, sucede algo que cambiaría todo para siempre…
Lentamente un gran y misterioso objeto
volador se acercaba a ese baldío sitio, aterrizó al lado de un volcán, de él
bajó un extraño ser de color verdoso, ojos negros saltones, tenía un aspecto
repulsivo, traía algo en brazos envuelto en una tela elástica amarillenta, delicada
y cuidadosamente fue estirándola hasta su ruptura, de ella salió una clase de embrión alienígena,
el ser lo tiró dentro del volcán, provocando una gran explosión la cual
destruyó gran parte del planeta. Dos
días después una criatura salió de la
lava, miró para todas partes y no vio absolutamente nada, estaba completamente
sola, tenía frío, usó su extraordinaria inteligencia y tomó una roca
colocándola en la lava, una poderosa y caliente llama se encendió, “fuego” la
nombró, lo cual usó para entibiar su cuerpo, pero llegó un momento en donde empezó
a arder su carne, algo muy importante faltaba en ella…
Días después, la criatura se dio cuenta que estaba empezando a desarrollar una gruesa
envoltura sobre su carne, la cual denominó “piel”, el fuego ya no le provocaba
ardor, su cuerpo se había adaptado a él. Un rugido peculiar escuchó, curiosa
toca su abdomen y lo aprieta sintiendo un vacío muy profundo, necesitaba
llenarlo con algo… ¿pero cómo? Pronto se dio cuenta que tenía un agujero en
medio del abdomen e intenta llenarlo con tierra, no era tan profundo como para
que la tierra llenara ese vacío. Sintió que dentro de su boca había una clase
de líquido, lo tragó, el cual fue a su interior, así que pensó: “¿y si pongo la
tierra en mi boca y la trago?
Puso a prueba su pensamiento y funcionó, ese vació ya no estaba, la tierra no
era muy agradable para ingerirla, se le ocurrió buscar otra cosa, pero lo único
que encontró fueron rocas. Al transcurrir los días, la textura de su piel
cambió totalmente, ya no era una criatura repulsiva, se había transformado en
algo muy diferente, desarrolló sentimientos, le creció cabello y vello, se
sentía solo y aburrido.
Se sentó a mirar las estrellas cuando vio aquel gran objeto volador que se
acercaba a él, era el mismo que lo había dejado allí, nuevamente bajó el ser
alienígena el cual extendió sus brazos y le dio a la criatura una pequeña
piedra verde, la pobre no entendía nada, en un piscar de ojos el objeto volador
ya se había ido.
Confundida y muy solitaria se encontraba ella, sin saber qué hacer con lo dado
por el alienígena, pensó en ponerla en el suelo y dejarla ahí a ver qué
sucedía, se aleja lentamente. Al día siguiente vuelve para ver si había
ocurrido algo con la pequeña piedra, se sorprende al ver que se estaba transformando en una masa
ramificada nunca antes visto por sus ojos, al parecer la piedra era mágica. Esa
noche se sentía muy cansada, sus ojos se cerraron, cayó al piso y luego de 8
horas después despierta, tenía mucha energía y ganas de moverse, no entendía
por qué, todo era tan nuevo para ella.
Las visitas del objeto volador y de aquel ser se volvieron diarias, cada día traían
algo nuevo, el planeta se fue llenando de flora y fauna, la criatura, luego
llamada “el hombre” no estaba solo, se sentía feliz y agradecido, pero aún su
vacío no se había completado…
Una mañana se levantó muy temprano como de costumbre y recibió la visita del
ser, el cual le había dicho que hiciera un último pedido, porque sería la
última vez que lo iba a ver en ese planeta, el hombre no sabía que pedirle, así
que dijo:
-“Completa mi vacío”.
El alienígena con sus garras arrancó una
costilla del hombre, la rompió en 2 partes y dijo:
- Con este hueso nacerá un igual, pero diferente. (Apretando fuertemente la
costilla hasta hacerla ceniza)
El hombre sentía un profundo dolor, brotaba un espeso líquido rojo de su
herida, su capacidad del habla otorgada por el extraño ser no funcionaba, tan
solo salían chillidos de su boca.
- Tranquilo, te regenerarás solo esta vez. (Aseguró el ser)
Su herida sanó rápidamente, otra criatura se formaba a su frente en un remolino
de cenizas, una hermosa similar a él apareció, el alienígena se fue sin dejar
rastro. Se miraron fijamente hasta que ella le sonríe confiadamente, lo que causó en él
una inmensa alegría interna, el amor había nacido.
No tardaron en llevarse bien, charlar, interactuar mutuamente, intercambiar
muestras de cariño e incluso crear una nueva vida.
Muchos años después la raza “humana” se había extendido sobre todo el planeta,
todo gracias a aquel sabio ser alienígena que hoy en día le llaman “El Místico Creador”.
Autora: Yohanna Dutra Xavier.