Muy
aburridas estábamos en el cuarto con mi prima Romina, mi padre me había dado
mucha plata para gastar en el verano así que decidimos alquilar un ómnibus y
viajar con amigos. Mi prima invitó a Enzo, Brayan y Renato; yo invité a
Virginia, Anderson y Priscila. Saldríamos el día 6 de Febrero a las 18:00.
Esperamos tanto hasta que llegó el día, fueron llegando uno por uno a mi casa
que sería el lugar de partida, subimos
al bus, Virginia encendió una radio con
música alta, nos pusimos a bailar y cantar, fue muy divertido. De pronto la
rueda se pinchó y todos confundidos salimos afuera, raramente el conductor no
llevó repuesto, quedamos a pie, sin separarnos entramos al bosque con mucho
temor de que pase algo, típico de las películas de terror sentirnos observados
por alguna entidad, la verdad que ya no me sorprendía en nada, ya había tenido
experiencias así y no me aterrorizaban,
pero mis amigos estaban con los pelos de punta y la piel de gallina. Caminamos
y caminamos, llegamos a una laguna en la cual estaban marcados niveles de
profundidad del agua, el último punto marcado era tan profundo que preferimos
ni acercarnos al agua. Seguimos nuestro camino bordeando el lago ya que no había
otra, Renato largó un agudo grito perturbador diciendo que había visto burbujas
en el agua como si hubiera algún ser allí; nos burlamos de él, ya que al ser un
lugar donde habían muchos animales no teníamos que preocuparnos por cualquier
cosa que hiciera ruido. Yo insistía que
el camino que seguíamos era el que nos sacaría de ese aterrador sitio, pero lo
que no sabía era que cada vez nos adentrábamos
más en el frondoso bosque.
Veía luces al final del recorrido, así que les dije a mis amigos:
- ¿Ven? Allí está la salida, siempre tengo la razón.
Nos acercamos a las luces, cada paso que dábamos nos hacía creer aún mas que
ese lugar no estaba habitado por algo normal, al fin llegamos, Anderson
pálido y muy asustado dice que lo mejor
es volver al coche, ya que no parecía ser seguro,
podrían vivir asesinos o locos antisociales violentos.
Romina enojada dice:
- ¿Por qué mejor no nos quedamos acá hasta el amanecer? Me parece que es peor
volver.
Le dimos la razón ya que era lo mejor en ese momento, a parte que teníamos
miedo de volver al bosque. Ya con la decisión tomada, Enzo mira a todas partes y dice algo obvio:
- Chicos, me parece que nos equivocamos de camino…
Lo miramos y dijimos al mismo tiempo:
- No, ¿Enserio?
Enzo: Ah bueno perdón, perdón, entremos ahí. (y apunta a una casa).
Luego de ese pequeño inconveniente con nuestro amigo el inteligente, vimos un
cartel que decía “Denizens City”, ninguno pudo descifrar en español lo que
significaba eso. No le dimos mucha importancia y entramos a la casa, lo extraño
es que para ser una casa abandonada estaba en condiciones regulares, lo que más
nos llamó la atención fue que cuando Priscila abrió el refrigerador no había comida,
sino partes de animales en frascos y platos, lo más normal sería irse corriendo
pero nos guiamos más en lo razonable, quedarse en la casa porque afuera podría
ser peligroso.
Subimos las escaleras, las cuales estaban podridas y hacían mucho ruido al
pisarlas, entramos a un cuarto, sobre la cama reposaba una mujer de mediana edad, nos miró y dijo:
- Ustedes deben ser los que trajo Gen de visita.
Virginia - ¿Qué Gen? Esto es muy raro, vieja loca. (Tomó una lámpara y la
lanza por la cabeza, provocando una muerte rápida).
Renato le pregunta porque lo hizo, y ella se desmaya sobre sus brazos, el llora
desesperadamente hasta que una flecha atraviesa su ojo y queda
clavada, todos fuimos a ayudar pero era muy tarde, una voz tenue se escucha:
- Pónganse cómodos, mi casa es su casa.
Desesperados corrimos bajando rápidamente las escaleras, Priscila se acordó que
Virginia había quedado en aquel cuarto, así que subió nuevamente y no la encontró así que sin perder más el
tiempo bajó, por desgracia la escalera se partió, ella cayó brutalmente y se
golpeó contra el suelo, una madera atravesó su frágil tórax, su cuerpo no
resistió.
Nos ocultamos en un closet gigante, pero nos olvidamos que Brayan era
claustrofóbico, él no resistió y salió rápidamente topándose con el asesino de
frente, nosotros solo conseguimos escuchar un leve grito y varios golpes, les
podría jurar que escuché como los órganos de alguien se exprimían, lo cual mis
amigos no sintieron; Romina sacó una linterna de su mochila, le dije:
- Romi, por favor, no vayas a alumbrar arriba, te lo pido. (Sin decirle que
había sentido un fuerte tirón en mí cabello viniendo de arriba)
Ella curiosa no me obedeció y lo hizo, fue un error muy grande… Se encontraban
muchos cuerpos de animales colgados del cuello en piolas, el olor era
repugnante e insoportable, nos hizo salir.
Enzo dice: - ¡Miren! Un rastro de sangre…
Anderson con mucho miedo, se aleja y se encierra en el closet nuevamente, me
preocupé un poco y entré con él a acompañarlo, Romina y Enzo siguieron ese rastro de sangre, ya que podía
ser Brayan o Virginia que habían desaparecido. Cuando Enzo abre el refrigerador que era hacia donde los llevaba
ese rastro, estaba el cuerpo descuartizado de Brayan, pero lo más raro era que
faltaba su cabeza, la cual el asesino la colocó en el congelador. Enzo vomitó,
Romina corrió a avisarnos, y cuando abrió la puerta del closet, nos encontró besándonos
a Anderson y a mí, no le sorprendió en nada ya que nos gustábamos; nos dice:
- Encontramos el cadáver de Bra en el
refri, tenemos que salir de acá, sea lo que sea que esté causando todo este
daño sabe que estamos aquí y nos quiere matar, Em. Y… Enzo está vomitando.
De una forma rápida salimos afuera jalando al enfermo de los pies, ya que en
shock quedó; apenas escapamos de allí pudimos apreciar una bella silueta
masculina sobre un caballo negro que nos sonreía dulcemente, nos ofreció ayuda
y la aceptamos ya que no teníamos otra opción. Nos guió sin decirnos una
palabra más hasta llegar a la comisaría local y desapareció misteriosamente; no vimos a nadie en ese lugar, estaba desolado y muy sucio, no parecía que alguien estuviera ahí,
recorrimos todo y no encontramos absolutamente nada. Lo habíamos dejado a Enzo
sobre un viejo sofá, Anderson nos llama a ver algo que encontró en una celda,
Virginia recostada sobre una camilla con
una ropa de hospital nos miró fijamente a los ojos, se levanta, se acerca a las
rejas y nos susurra:
- Soy la paciente número 666, están atrapados en Denizens City, aprovechen su
estadía hasta que llegue a su fin. (Y se acostó nuevamente en la camilla con
una sonrisa despiadada).
Muy chocados nos miramos y no dijimos ni una palabra, estábamos traumatizados
con esa escena, hasta que Enzo se levantó del sofá, se nos acerca y dice:
- Tuve un sueño muy extraño, soñé que un hombre
con la cara deformada me decía
que este lugar que estamos era una pequeña ciudad en la cual se hacían
experimentos con radiación a las personas que habitaban.
Ahora todo tenía sentido, esas personas solo buscaban venganza, se habían
vuelto locas y agresivas. Bueno Anderson me tomó de la mano y me dijo:
Quiero que todo esto termine de una vez, pero si algo malo sucede, quiero
decirte que te amo con toda mi alma y que eres el amor de mi vida; tomada por
la ternura le doy un beso y le digo que me gusta mucho y que también lo amo; Romina
abraza a Enzo que estaba paralizado por su sueño, le da un beso sobre la
mejilla y le dice que todo va a estar bien. Yo noto que el cuello del chico tenía venas
saltadas y que de su boca salía un chorro de baba con sangre, lo pellizqué
a Anderson para que el también viera, me miró a los ojos con una gran expresión
de terror y quedó sin palabras. Romina comienza a reír descaradamente y cae al
suelo con Enzo, y al notar lo que le pasaba se levanta y se hace a un lado; sale
corriendo y se tira por la ventana que estaba en el tercer piso, pero no muere,
justo cayó sobre eno, se enoja toma un gran facón que estaba clavado en un árbol,
se corta el cuello y muere desangrada. Enzo convulsionando saca una tijera y le corta
el tendón a Anderson el cual cae al suelo con él; yo me enojo y le pateo el
cráneo hasta su muerte. Mi amado lloraba de dolor, yo no sabía qué hacer así
que lo ayudé a caminar hasta salir de esa comisaría, nos dirigimos al bosque y logramos salir, el
conductor desapareció con el bus, enojados suspiramos y nos dijimos: - A buscar ayuda.
Pasó un gran camión con ovejas atrás, se dirigía a nuestra ciudad así que nos
llevó y luego de eso juramos no contarle lo sucedido a nadie, nos escapamos a
otro país para rehacer nuestras vidas juntos.
Autoras: Yohanna Dutra Xavier & Romina Paola
Pintos Biurra.