domingo, 19 de enero de 2014

3, 2, 1… ¡SONRÍE! (cuento)

Yohanna: - All the crazy shit i did tonight. Those will be the best memories. I just wanna let it go for the night. That would be the best ever be for me

Romina: ¡Cállate loca, quiero dormir!

Yohanna:  Ay no seas amarga, ya estamos por llegar.

Fue un viaje muy largo a Cassino, una playa muy hermosa y grande de Brasil, la mayoría del tiempo estuve cantando y mi prima durmiendo, no fue algo muy divertido. Llegamos a la casa donde siempre nos hospedábamos pero había ocurrido un pequeño inconveniente, se estaba fumigando por una invasión de ratas, así que rápidamente mis padres consiguieron otra casa.
Era muy linda, algo pequeña, pero eso no era una molestia para nosotras, igual pensábamos pasarla genial en ella, a la noche salimos al centro y nos hicimos con Romina tatuajes de la amistad en forma de corazón en la nuca, fueron algo dolorosos pero valieron la pena; luego de eso comimos pizza y regresamos a la casa. Algo cansadas del viaje  nos acostamos a dormir, eran las 03:00 de la mañana cuando comencé a sentir gritos viniendo de debajo del cuarto, me asusté  y desperté a mi prima, nos agachamos y apoyamos nuestras orejas contra el suelo, eran gritos perturbadores, de dolor y claramente de personas siendo torturadas, perplejas nos pusimos a buscar una puerta o entrada para ver de quien eran esas supuestas voces aterradoras, detrás de un espejo gigante encontramos una puerta y para nuestra “suerte” no tenía candado ni nada, entré yo primero, y después Romina, bajamos una pequeña escalera que nos llevó a un sótano muy oscuro; esos gritos se sentían cada vez más fuertes hasta que hayamos un corredor algo largo, al final se encontraba un extraño cuarto, en las paredes muchas fotografías de gente muerta con ganchos al costado de la boca, haciéndolas hacer una falsa sonrisa macabra, mi prima aterrada me dice:
- Yohanna, salgamos de aquí…
- No. Quiero seguir viendo y descubrir qué es todo esto.
Ella temblando accede solamente porque no se animaba a volver sola al piso de arriba, de pronto se sienten los gritos nuevamente, un hombre desnudo sentado en una silla, la boca tapada con una cinta, los brazos  y piernas atados por cadenas, intenta hablar pero no puede, yo rápidamente me acerco a él y le quito la cinta, el exclamaba ayuda y que lo sacaran de ahí, y nosotras muy confundidas le dijimos que lo íbamos a hacer pero que nos tenía que explicar antes lo que ocurría, esto fue lo que pudimos sacar de ese pobre hombre:
“Miren, el fotógrafo Louis es un psicópata que tortura a gente que encuentra bella, la trae aquí y luego de que sus víctimas sufran bastante, toma su cámara y le dice: 3, 2, 1 ¡SONRÍE!, y le saca una foto, luego la revela  y pega en su pared”.
Paralizadas por la situación, rompimos las cadenas con unas pinzas que encontramos sobre una sangrienta mesa, el hombre estaba aún en buenas condiciones así que pudo correr, mis padres no se encontraban en casa en ese momento así que él pudo salir sin interrupciones, nos dio las gracias y dijo que saliéramos lo antes posible de esa casa.
Al transcurrir el día, fuimos a la playa solas, tomamos helado, intentamos olvidar lo ocurrido, pero la preocupación se apoderaba de nosotras, llegamos a casa, mi papá hacía pasteles, mi madre se bañaba  y mi hermana pequeña miraba la tele; comimos y nos acostamos, no quisimos charlar mucho sobre el tema, justo a las 03:00 nuevamente se sienten gritos, Romina enfadada se levanta, toma un facón y va lentamente hacia el sótano, yo la sigo, no la quise interrumpir, esto estaría muy bueno de ver. El fotógrafo clavaba ganchos a los lados de la boca de una pobre mujer, quien lloraba desesperadamente, algo me dijo que tenía que hacer algo, pero se lo dejé  a mi prima que al parecer sabía cómo acabar con todo esto, se acerca a él con la mano temblorosa apretando el cuchillo, la punta estaba en dirección al fotógrafo; de repente las luces se apagan, el oscuro se apodera del lugar, era peor de lo que pensaba, siento un crujido peculiar, como si alguien hubiera mordido una galleta, las luces vuelven a encenderse… El hombre estaba tirado en el suelo con el facón clavado en su nuca, Romina se había vuelto una heroína, mató al asesino  el cual se fue haciendo cenizas poco a poco.
La mujer nos miró y bajó la cabeza de golpe, había muerto, no le dimos mucha importancia y subimos.
Prometimos nunca contarle a nadie esta experiencia algo sobrenatural.

Autora: Yohanna Dutra Xavier.

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