Era el
cumpleaños de Milagros, nos invitó a una pijamada en su casa; Renato, Virginia,
Felipe, y yo fuimos los invitados.
Llevamos muchas cosas dulces, como alfajores, bombones, milojas y tortas. La cumpleañera se encargaría de lo salado y las gaseosas, pusimos música, charlamos un rato y jugamos a muchos juegos de mesa que nos aburrieron enseguida; Felipe sacó su guitarra y comenzó a contarnos una leyenda muy terrorífica:
“Estaba ella sola, en un cuarto de hospital, nadie se importaba ni por darle de comer, nadie la visitaba, muy triste y depresiva estaba, llorando y tocando su más grande pasión, el piano armonioso que entona mi canción, un día sola estaba sentada frente a su amor, una puñalada en la médula, ella recibió, paralizada quedó, una risa agonizante en el fondo se sintió, lo único que se sabe que pronto ella volvió, a cumplir su venganza, que su alma prometió”
Cuando acabó la canción, todos comenzamos a reír, excepto Milagros, la cual quedó un poco impactada y se fue a dormir, no quisimos divertirnos sin ella, así que nos acostamos. Ya eran más o menos las 03:30 de la madrugada, algo me despertó, una bella tocada en el piano, pensé que era mi talentosa amiga cumpleañera, pero cuando me levanté y fui a ver no había nadie, la tapa del instrumento estaba abierta, y el banquito que lo habíamos retirado de allí antes de irnos a acostar volvió a su lugar. Virginia y Renato se despiertan y vienen a ver qué sucedía, les dije que yo no había dejado las cosas así y que el piano comenzó a tocarse solito, se rieron de mí y llamaron a Milagros y a Felipe, los cuales habían desaparecido.
Los buscamos por toda la casa, hasta que Renato larga un fuerte grito:
- ¡Vengan, rápido!
En el patio estaba el cadáver de Felipe colgado del árbol con su guitarra puesta, en ella decía escrito con sangre la palabra:
“death”, que en el español significa “muerte”, muy asustados corrimos adentro y nos encerramos en un cuarto. Pero aún nos faltaba encontrar a Milagros, quien había desaparecido hace un buen rato; nuestro temor era que lo que nos había contado Felipe fuera cierto. Renato después de un buen rato pensado dijo:
- ¿Y si después de cada tocada de piano que hace ese supuesto “fantasma” ocurre una muerte?
- ¡No jodas con eso! Exclama Virginia, quien estaba muy nerviosa.
Yo no perdí tiempo, salí de la habitación tomé un martillo y dije:
- Ven por mí, si tienes el valor suficiente.
El piano se cierra de repente, mi corazón se aceleró, sentí que una mano helada tocaba mi hombro, no quise voltear, pero mi curiosidad me hizo mirar atrás, era Milagros con la cabeza gacha, se sentó y comenzó a tocar una canción muy extraña, hasta parecía la de la leyenda de Felipe; Virginia me tira del brazo y me encierra con ella y su novio en el cuarto, me dice, no salgas, está poseída.
No sabíamos que hacer, allí quedamos toda la noche, cuando amaneció ni el cuerpo del afinado, ni la endemoniada aparecían, nada fue normal esa noche, la madre de la cumpleañera no estaba en casa, nos fuimos rápidamente de allí y nunca más volvimos a ver a los desaparecidos.
Autora: Yohanna Dutra Xavier.
Llevamos muchas cosas dulces, como alfajores, bombones, milojas y tortas. La cumpleañera se encargaría de lo salado y las gaseosas, pusimos música, charlamos un rato y jugamos a muchos juegos de mesa que nos aburrieron enseguida; Felipe sacó su guitarra y comenzó a contarnos una leyenda muy terrorífica:
“Estaba ella sola, en un cuarto de hospital, nadie se importaba ni por darle de comer, nadie la visitaba, muy triste y depresiva estaba, llorando y tocando su más grande pasión, el piano armonioso que entona mi canción, un día sola estaba sentada frente a su amor, una puñalada en la médula, ella recibió, paralizada quedó, una risa agonizante en el fondo se sintió, lo único que se sabe que pronto ella volvió, a cumplir su venganza, que su alma prometió”
Cuando acabó la canción, todos comenzamos a reír, excepto Milagros, la cual quedó un poco impactada y se fue a dormir, no quisimos divertirnos sin ella, así que nos acostamos. Ya eran más o menos las 03:30 de la madrugada, algo me despertó, una bella tocada en el piano, pensé que era mi talentosa amiga cumpleañera, pero cuando me levanté y fui a ver no había nadie, la tapa del instrumento estaba abierta, y el banquito que lo habíamos retirado de allí antes de irnos a acostar volvió a su lugar. Virginia y Renato se despiertan y vienen a ver qué sucedía, les dije que yo no había dejado las cosas así y que el piano comenzó a tocarse solito, se rieron de mí y llamaron a Milagros y a Felipe, los cuales habían desaparecido.
Los buscamos por toda la casa, hasta que Renato larga un fuerte grito:
- ¡Vengan, rápido!
En el patio estaba el cadáver de Felipe colgado del árbol con su guitarra puesta, en ella decía escrito con sangre la palabra:
“death”, que en el español significa “muerte”, muy asustados corrimos adentro y nos encerramos en un cuarto. Pero aún nos faltaba encontrar a Milagros, quien había desaparecido hace un buen rato; nuestro temor era que lo que nos había contado Felipe fuera cierto. Renato después de un buen rato pensado dijo:
- ¿Y si después de cada tocada de piano que hace ese supuesto “fantasma” ocurre una muerte?
- ¡No jodas con eso! Exclama Virginia, quien estaba muy nerviosa.
Yo no perdí tiempo, salí de la habitación tomé un martillo y dije:
- Ven por mí, si tienes el valor suficiente.
El piano se cierra de repente, mi corazón se aceleró, sentí que una mano helada tocaba mi hombro, no quise voltear, pero mi curiosidad me hizo mirar atrás, era Milagros con la cabeza gacha, se sentó y comenzó a tocar una canción muy extraña, hasta parecía la de la leyenda de Felipe; Virginia me tira del brazo y me encierra con ella y su novio en el cuarto, me dice, no salgas, está poseída.
No sabíamos que hacer, allí quedamos toda la noche, cuando amaneció ni el cuerpo del afinado, ni la endemoniada aparecían, nada fue normal esa noche, la madre de la cumpleañera no estaba en casa, nos fuimos rápidamente de allí y nunca más volvimos a ver a los desaparecidos.
Autora: Yohanna Dutra Xavier.