lunes, 18 de noviembre de 2013

La tocada fatal (cuento)

 Era el cumpleaños de Milagros, nos invitó a una pijamada en su casa; Renato, Virginia, Felipe, y yo fuimos los invitados.
Llevamos muchas cosas dulces, como alfajores, bombones, milojas y tortas. La cumpleañera se encargaría de lo salado y las gaseosas, pusimos música, charlamos un rato y jugamos a muchos juegos de mesa que  nos aburrieron enseguida; Felipe sacó su guitarra y comenzó a contarnos una leyenda muy terrorífica:
“Estaba ella sola, en un cuarto de hospital, nadie se importaba ni por darle de comer, nadie la visitaba, muy triste y depresiva estaba, llorando y tocando su más grande pasión, el piano armonioso que entona mi canción, un día sola estaba sentada frente a su amor, una puñalada en la médula, ella recibió, paralizada quedó, una risa agonizante en el fondo se sintió, lo único que se sabe que pronto ella volvió, a cumplir su venganza, que su alma prometió”
Cuando acabó la canción, todos comenzamos a reír, excepto Milagros, la cual quedó un poco impactada y se fue a dormir, no quisimos divertirnos sin ella, así que nos acostamos. Ya eran más o menos las 03:30 de la madrugada, algo me despertó, una bella tocada en el piano, pensé que era mi talentosa amiga cumpleañera, pero cuando me levanté y fui a ver no había nadie, la tapa del instrumento estaba abierta, y el banquito que lo habíamos retirado de allí antes  de irnos a acostar volvió a su lugar. Virginia y Renato se despiertan y vienen a ver qué sucedía, les dije que yo no había dejado las cosas así y que el piano comenzó a tocarse solito, se rieron de mí y llamaron a Milagros  y a Felipe, los cuales habían desaparecido.
Los buscamos por toda la casa, hasta que Renato larga un fuerte grito:
- ¡Vengan, rápido!
En el patio estaba el cadáver de Felipe colgado del árbol con su guitarra puesta, en ella decía escrito con sangre la palabra:
“death”, que en el español significa “muerte”, muy asustados corrimos adentro y nos encerramos en un cuarto. Pero aún nos faltaba encontrar a Milagros, quien había desaparecido hace un buen rato; nuestro temor era que lo que nos había contado Felipe fuera cierto. Renato después de un buen rato pensado dijo:
- ¿Y si después de cada tocada de piano que hace ese supuesto “fantasma” ocurre una muerte?
- ¡No jodas con eso! Exclama Virginia, quien estaba muy nerviosa.
Yo no perdí tiempo, salí de la habitación tomé un martillo y dije:
- Ven por mí, si tienes el valor suficiente.
El piano se cierra de repente, mi corazón se aceleró, sentí que una mano helada tocaba mi hombro, no quise voltear, pero mi curiosidad me hizo mirar atrás, era Milagros con la cabeza gacha, se sentó y comenzó a tocar una canción muy extraña, hasta parecía la de la leyenda de Felipe; Virginia me tira del brazo y me encierra con  ella y su novio en el cuarto, me dice, no salgas, está poseída.
No sabíamos que hacer, allí quedamos toda la noche, cuando amaneció ni el cuerpo del afinado, ni la endemoniada aparecían, nada fue normal esa noche, la madre de la cumpleañera no estaba en casa, nos fuimos rápidamente de allí y nunca más volvimos a ver a los desaparecidos.

Autora: Yohanna Dutra Xavier.

El taxista (cuento)

Un sábado por la noche estaba con mi amiga Fernanda preparándome para ir a un baile, comimos pizza y bebimos poca cantidad de cerveza. A la 01:00, llamamos a un taxi y esperamos afuera, lo impresionante es que apenas salimos y el taxi ya estaba; nos subimos, el hombre que conducía ni nos miró, solo nos preguntó con una voz muy grave:
- ¿Dónde?
Respondí muy rápidamente mirando a mi amiga:
- Calle sarandí, frente a Viva Club.
De pronto el auto dobla violentamente, las luces de la autopista se apagan, las puertas se trancan y el aire se volvió helado; nos preguntábamos que pasaba, el automóvil se detuvo, golpes muy fuertes se sentían, los vidrios se empañan y habían manos marcadas. Desesperadas le decíamos al hombre que nos dejara salir, no tardamos en darnos cuenta que el conductor era tan solo un podrido esqueleto.
No podíamos salir, las puertas no se abrían, mis medias se rompieron y el vestido de Fernanda se manchó de sangre, que para nuestra sorpresa el banco estaba bañado en ella, nos aterramos, levantamos el asiento y habían dos cadáveres de mujeres bien vestidas y con el cabello muy largo, dimos un salto hacia la parte delantera del coche, donde estaba el esqueleto, ni nos importó ya que tan solo era un muerto. Las puertas se abrieron, bajamos, estábamos frente a un cementerio, ni sabíamos cual era nuestra ubicación.
Corrimos y corrimos hasta que encontramos una casa, nos atendió una amable señora, le contamos lo sucedido y tan solo nos dijo:
- No existe ningún cementerio por aquí cerca.
Entramos en un estado de pánico, muy confundidas, le pedí el teléfono, llamé a Sebastián, un amigo, el cual nos vino a buscar, nos fuimos directo al baile.
Le contamos nuestra aterradora experiencia, nos contó que hay una leyenda que dice:
“1 de cada 10 personas que llaman a un taxi en la madrugada recibe la visita del taxista “Chester”, el cual murió por ahorcamiento en un asalto, llevaba a un ladrón y asesino en su auto y no sabía, dicen que todavía conduce por las noches buscando venganza”.
- ¡Todo concuerda! Exclamamos Fernanda y yo al mismo tiempo.
Muy asustados seguimos nuestro camino por otra ruta para evitar encuentros inesperados.

Autora: Yohanna Dutra Xavier.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Esa noche (cuento)

Era una tarde de primavera, justo era Halloween, un día inolvidable para mí.
Ya hace 2 semanas veníamos planeando con mis amigos pasar una noche en un cementerio rural abandonado y muy antiguo, era como un reto para nosotros; saldríamos de mi casa todos juntos a las 22:00 hs. que ya estaría oscuro, pero mi madre no estuvo de acuerdo con lo dicho y no nos quiso llevar tan tarde, así que fuimos al atardecer, a las 19:00 hs, cuando la claridad aún se apoderaba del cielo. Uno de mis amigos, Martín, llevó las carpas, el resto la comida  y las linternas, sin ellas no veríamos nada ya que no había iluminación en ese cementerio.
Fernanda era la más cobarde en mi grupo, así que no nos quiso acompañar a recorrer el lugar, ella quedaría armando las carpas con Virginia, otra cobarde. Los que fueron conmigo eran: Camila, Romina, Martín y Renato (quien fue obligado por Martín porque no quería dejar a su novia Virginia).
Había un camino largo y bien marcado, íbamos todos bien juntos, aterrados por la obscuridad y silencio del cementerio. Romina se separa del grupo, desaparece; la buscamos y buscamos, pero no habían rastros de ella, Martín muy preocupado se desespera:
- No podemos dejarla, está sola, sigamos buscando.
Llegamos a un puente frente a un lago muy extraño, no sabíamos de su existencia. Vimos que había una silla de ruedas en la orilla, Camila se acercó a observar, de pronto algo la jaló del pie derecho al agua, cayó, muy sorprendidos corrimos a sacarla de allí, pero ya no estaba. Cuando volteamos la silla de ruedas se estaba moviendo hacia el cementerio, la seguimos hasta que desapareció rápidamente en la niebla. Renato quería volver al campamento con su novia, pero Martín lo convenció de quedarse diciéndole que ella necesitaba un poco de espacio, él quedó muy triste y se apartó de nosotros, luego de un rato sentimos un grito muy fuerte y lo seguimos, estaba él tirado en el suelo, muy pálido, su piel se asemejaba a la de una gallina desplumada, pero ni hablar de su cabello que parecía que había recibido un choque eléctrico, le preguntamos lo qué le había sucedido y tartamudeando nos contestó esto:
“Estaba caminando por allí, y sentí un crujido, curioso lo seguí, vi la silla de ruedas entre aquellos árboles, me acerco a ella y había una anciana cadavérica, con el rostro cortado, sus ojos ciegos color blanco, no tenía dientes, estaba tejiendo algo, no pude ver bien que era, me tomó del brazo y sus afiladas uñas me rasguñaron, corrí y entré en un estado de shock”.
Estábamos muy sensibles, le creímos y nos marchamos de aquel sitio; cuando llegamos al campamento nos pusimos cómodos y cenamos, las chicas ya se habían acostado a dormir, Martín muy preocupado por Romina, sale a buscarla, tan solo llevó con él una linterna y mucho repelente.
Cuando me acosté me di cuenta que en un lado de la carpa estaba un sobre de dormir todo arrugado, hasta parecería que hubiera alguien allí. Un apestoso olor me despertó a las 00:30 hs., destapo el sobre, el cadáver de Romina reposaba junto a mí, lo único que me hizo darme cuenta que era ella fue su cabello largo color negro, porque sus miembros estaban completamente destrozados, sus globos oculares perforados, su cara deformada y muy ensangrentada, hasta comida por los insectos. Mi reacción fue rápida, abrí el cierre de la carpa y corrí a llamar al resto de mis amigas, quienes no estaban, enserio me aterré, lloré, grité, me desesperé, hasta que veo una luz viniendo de unos árboles, era Martín, llegó diciéndome que no había encontrado a Romina, le conté lo sucedido, primero pensó que estaba bromeando y le mostré dentro de la carpa, para mi sorpresa no había nada, él dijo:
- Yohanna, cálmate, ¿ves? No hay nada.
Quedé sin palabras, no sabía qué hacer ni decir, él me tomó del brazo y me dijo:
- ¡Vamos a despertar a los demás, tenemos que encontrar a la desaparecida!
Ya cansada dije:
- ¡No están amigo, desaparecieron! Es lo que te trataba de decir hace un rato.
- ¿Cómo que no están? ¿No duermen?
- No. Ve y fíjate en sus carpas.
Fue y me gritó:
- Tienes razón, ¿por dónde andarán?
Buscamos por todo el cementerio, pero no encontramos absolutamente a nadie, de pronto pasa un bulto blanco corriendo frente nuestro, era impresionante la velocidad que iba, algo sobrenatural, yo asustada abracé fuertemente a Martín y comencé a llorar, rápidamente nos fuimos al campamento, estábamos muy aterrados.
Me senté sobre un tronco y recé, mi amigo no se despegaba de un árbol al que se abrazó, de repente cae un cadáver sobre él, desmayándolo y aplastándolo, era el cuerpo de Virginia, estaba desnuda, sus senos amputados, sus costillas saltadas para afuera perforaban la poca piel sana que sobraba. No perdí el tiempo, corrí y corrí, hasta que me encontré a Renato, estaba desesperado buscándonos, yo no sabía cómo decirle lo de su novia, así que me quedé callada como si nada hubiera pasado, obviamente el preguntó por ella y mi respuesta fue: - “No, no la he visto”.
A pocos pasos de allí, estaba el puente extraño frente al lago, nos sentamos a charlar, le conté que había encontrado el cadáver de Romina, me creyó por su loca experiencia, me dice:
- ¡Mira allí!, hay algo muy raro flotando…
Me acerqué, ¡eran las tetas de Virginia! Muy sorprendido me dice:
- ¿Qué es eso? ¿Senos?
Le tuve que confesar, que aquellos senos eran de su novia, que reposaba encima de Martín en aquel momento. No pudo contenerse, lloró y lloró, quería irse al campamento a comprobar que lo que yo le decía no pasaba de una broma muy pesada y maligna. No quise ir, ya tenía suficiente de ver cuerpos muertos, me gustaba pero no de esa forma, él no aguantó, se tiró al lago, no pude hacer nada, no sé nadar.
Por un rato quedé mirando como Renato agonizaba hundiéndose, de repente Camila aparece a orillas del lago, al lado de donde estaba yo, con la ropa rasgada, torció su cuello 180º hacia mí y me sonrió malignamente, gateando a toda velocidad se dirige al cementerio, la seguí hasta el campamento, pero cuando llegué noté que no había nadie.
Observé detenidamente el lugar hasta que Camila salta sobre mi e intenta morderme violentamente el cuello, logré escapar, no sabía porque ella estaba de esa forma, me escondí atrás de una tumba muy grande en forma de cruz; pasé un buen rato esperando que alguien llegara por mí, así que me puse a leer la roca de la tumba, la cual decía:
“Te quisimos muchos, te consiguió 1
Yohanna Dutra Xavier 21/05/1998 - 01/11/2013”.
En ese momento no sabía qué hacer, lo único que restaba era matarme, pero algo me dijo que no podía rendirme, que tenía que salir adelante. Siento un llanto femenino viniendo de unos arbustos, ya harta de tantos  locos acontecimientos, decidí alzar la voz y decir:
- ¡Ya no les tengo miedo, si van a hacerme algo háganmelo ya!
El llanto detrás de los arbustos paró, y una pequeña y peculiar vocecita ronca me dijo:
- Yohanna, soy yo, Fernanda, ayúdame…
Fui a verla, encontré un rastro de partes de un cuerpo, primero una pierna, luego un brazo, hasta que encontré el resto del cuerpo crucificado con una cruz al revés y la cabeza de Fernanda clavada en una estaca.
Alguien me abraza de la cintura, me asusté mucho, era Martín, me dijo que teníamos que salir de allí, y cuando vio lo que yo estaba observando me tomó del brazo y corrimos hasta llegar al portón del cementerio, que por fin lo encontramos.
Caminamos por la ruta hasta que un camionero paró y nos pregunto que nos sucedía, tan solo le dijimos que nos perdimos y le pedimos que nos llevara a casa. Claro que luego de eso nada más fue normal, mis padres me corrieron de mi casa, a Martín también; nadie nos creyó, las familias de los muertos creían que tan solo habían desaparecido, al final todos nos odian. Hoy en día yo conseguí un trabajo en un cementerio y maté a Martín porque una noche intentó apuñalarme por algo que yo si hice, matar a todos por esquizofrénica. Sí exactamente eso, fui yo que me imaginé todo y soy la verdadera asesina.

Autora: Yohanna Dutra Xavier